Vivimos en un mundo que responde a las necesidades de un tercio de la población mundial y a veces parece estar luchando para marginar a aún más gente. Lamentablemente fue impuesto hace muchos años un sistema piramidal cuya parte superior se hade más aplastante. Desde hace más de 500 años que se vive el engaño del ascenso social. Como persona, entiendo la seducción del dinero y todo lo que éste conlleva y que promete, y no sólo eso, sino que desde que existe se convirtió en algo necesario para poder sobrevivir. Pero está tan mal distribuido que el todo concepto se desvirtuó y el mundo está como está hoy en día. Tres mil chicos africanos mueren al día por la malaria. Ni siquiera hace falta mirar tan lejos, es muy probable que en la esquina de nuestras casas haya un hombre viviendo en una caja.
El uso de la plata confundió a la humanidad. En vez de intentar dividirla más equitativamente, tantas personas aspiran a conseguir más y seguís gastándola en bienes innecesarios y seguir contribuyendo con un sistema que va a terminar autodestruyéndose y junto con él a todos los que se adhirieron. Esa no es la única razón por la que es necesario un cambio, un giro de 180ª en el que todos cambiemos nuestras prioridades. Es absurdo que siga habiendo personas comprando televisores nuevos, más grandes, nuevos celulares con cámaras y contribuyendo a la globalización, es decir a la sobreinformación, a la desinformación, al miedo, a los prejuicios, a la miseria.Nos quedamos todos ciegos?! ¿Cómo llegamos a esto? ¿Cuándo nos arrancaron los ojos? Sinceramente es algo que me desespera. Por eso sigo luchando en contra. A tantas personas que conozco les vendría excelente leer el pasaje de la confianza en la providencia y entender que para ser feliz uno necesita de tan poco. A mí me parece más bien sentido común, que simplemente como personas no podemos dejar que esto diga así. Es difícil, porque tampoco puedo desde donde estoy yo, por ejemplo, frenar un sistema capitalista que comenzó hace cien años y es seguido por tantas personas que creen tener poder, y de alguna horrible forma lo tiene, porque no me permite cambiar las cosas. En el colegio encontré a muchas personas que opinan como yo y que sé que juntos nos podemos ayudar en nuestras misiones de cada día, y tal vez en alguna misión mayor que podamos llevar a cabo y dejar de llamar utopía.
Entonces ¿qué es lo que podemos hacer hoy? Es completamente ridículo tener que pensar que para lograr que otros ayuden es imponerlo como una moda. Imaginen si compañías como Nike o Mcdonalds, que parecen gobernar el mundo, o los diseñadores de la marca Gucci y Valentino dijeran, ¡Hoy está de moda alimentar a los necesitados en hogares! Millones de mujeres vestidas con los últimos productos, algunas ya pensando que el valor de su cuerpo es el del que pagaron para sus tantas cirugías; saldrían a seguir demostrándole al mundo que siguen eligiendo la moda ante todo. Y de esta forma muchos se alimentarían bien, pero seguirían sin tener la posibilidad de salir de ese hogar, de ese círculo en el que se perdieron.
Estoy llegando a conclusiones horribles. Si veo a alguien pedir o necesitar, yo le voy a dar algo para que coma, o lo que tenga, para su salud y también para demostrarme a mí que unos pesos no me cambian en nada, porque el dinero está increíblemente mal distribuido. Juntos podemos construir una realidad alternativa al consenso, dar un ejemplo de amor al prójimo, de respeto hacia las demás personas, solamente por el hecho de que existan, y pasan frío y hambre, un ejemplo de empatía y de generosidad. Nada malo nos va a pasar por ayudar a quienes necesitan de techo, abrigo y alimento más que nosotros, al contrario, como dice la parábola del rico necio, vamos a ser bendecidos. Todo vuelve. En mi opinión, no sólo como cristianos sino como personas tenemos que dar el ejemplo de luchar contra el status quo y de buscar uno mejor. Podemos proyectar ese mundo donde la luz la emana cada uno desde su corazón y todos la vemos, sin importar lo que los demás estén usando.
El hombre araña pide la palabra: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. No lo podría haber expresado mejor: tenemos una responsabilidad enorme. Somos el futuro y el ejemplo. Nosotros podemos imponer la moda, y tenemos que demostrar que podemos hacerlo. Tenemos un futuro que cambiar, y vamos a educar a nuestros hijos enseñándoles las verdaderas prioridades, y no las que responden a los intereses del Estado. Enseñarles desde chicos que se guíen por el amor y por el respeto. Que sean generosos, porque ese hombre que vive en la caja podría bien ser su amigo. Su hermano. Su abuelo. Su hijo. Tenemos el poder para romper con todas las estructuras de macho proveedor, de mujer ama de casa, los prejuicios de que la pobreza va de la mano con la delincuencia, aclarando que tantos ricos son también ladrones, mientras otros luchan por ayudar con todo lo que tienen. Que no necesitan comer entrada, plato principal y postre. Tampoco usar 6 tenedores y cuchillos para cada comida. Que la supersopa nutre a millones. Que con la palabra también se alimenta y una frase puede llenar el corazón. Nuestras voces valen más que un papel con una cara impresa junto a un número. Que dar a quien necesita mediante pequeñas acciones como dar monedas, un plato, un consejo, algo no está mal, es ayudar, es lo que el mundo necesita y nosotros podemos darlo.
Lo escribí en las vacaciones de invierno como tarea para Educación en la fe.